La plusvalía (ganancia patrimonial) es la diferencia positiva entre lo que recibes al vender un activo y lo que te costó comprarlo. Es la otra mitad del retorno del inversor — la que no son dividendos — y tiene su propia mecánica fiscal.
Plusvalía = Valor de venta − Valor de adquisición (gastos y comisiones incluidos)Las plusvalías van a la base del ahorro del IRPF, con una escala progresiva que parte del 19% (los tramos exactos cambian; el detalle actualizado está en la guía de fiscalidad). El matiz más valioso: solo tributan al vender. Mientras mantienes, la ganancia acumulada no genera ningún impuesto — el diferimiento que hace tan eficientes al buy & hold y a los ETFs de acumulación.
Ambos tributan en la base del ahorro, pero con una diferencia de control: el dividendo tributa cuando la empresa decide pagarlo; la plusvalía, cuando tú decides vender. Esa asimetría es la base de muchas decisiones de cartera — y la razón de que la combinación de ambas fuentes dé flexibilidad fiscal.
Tributa en la base del ahorro del IRPF, en una escala progresiva que empieza en el 19% y sube por tramos según el total de tus rentas del ahorro del año. Solo se paga al vender, nunca por la revalorización latente.
Sí: las minusvalías compensan plusvalías del mismo año, el exceso compensa hasta el 25% de tus rendimientos del capital mobiliario, y lo restante se arrastra 4 años. Es el motivo para revisar posiciones en pérdida antes de que acabe el año fiscal.
Una norma antiabuso: si vendes con pérdida y recompras el mismo valor en menos de dos meses (antes o después), no puedes deducir esa minusvalía hasta que vendas definitivamente. Impide fabricar pérdidas fiscales sin deshacer la inversión.