El rebalanceo es el proceso de devolver una cartera a su reparto objetivo cuando el mercado lo ha desviado. Si tu plan era 60% acciones y 40% bonos y un buen año bursátil te deja en 70/30, rebalancear significa vender acciones o comprar bonos hasta volver al 60/40.
El rebalanceo es ante todo una herramienta de control del riesgo: sin él, la cartera deriva hacia el activo que más sube y acabas asumiendo más riesgo del que decidiste. Una cartera 60/40 abandonada durante una década alcista puede convertirse en una 85/15 justo antes de la siguiente crisis.
Lo que no es: una fórmula para ganar más. A veces añade rentabilidad (compra sistemáticamente lo barato y vende lo caro) y a veces la resta (en tendencias largas, vender al ganador sale caro). Su valor está en mantener el riesgo donde tú lo fijaste en tu asignación de activos.
Muchos inversores combinan ambos: revisión anual más bandas del 5% entre medias.
En España, vender para rebalancear tributa por la plusvalía. Tres formas de minimizarlo:
Cartera de 10.000€ al 60/40. Tras un año, las acciones suben un 20% y los bonos no se mueven: tienes 7.200€ + 4.000€ = 11.200€, un reparto 64/36. Rebalancear implica mover unos 480€ de acciones a bonos para volver al 60/40 (6.720€ / 4.480€).
Una vez al año es suficiente para la mayoría de carteras; hacerlo más a menudo añade costes e impuestos con poco beneficio. Las bandas del ±5% son una buena alternativa si prefieres actuar solo cuando hace falta.
No necesariamente: su función es mantener el riesgo bajo control. En mercados laterales u oscilantes suele sumar; en tendencias largas y fuertes suele restar. Se hace por disciplina, no por rentabilidad.
Dirigiendo las aportaciones nuevas y los dividendos cobrados al activo que se ha quedado atrás. En carteras de fondos españoles también puedes traspasar entre fondos sin tributar.