El TER (Total Expense Ratio) es el coste anual total de un fondo o ETF expresado como porcentaje sobre el patrimonio: incluye la comisión de gestión, custodia interna del fondo, administración y gastos operativos. Un TER del 0,20% significa que cada año el 0,20% del valor del fondo se destina a pagar a la gestora — descontado automáticamente del precio, sin que veas ningún cargo.
Esa invisibilidad es exactamente lo que lo hace peligroso: no duele, no se nota, y compone en tu contra durante décadas.
Coste acumulado ≈ lo que deja de componer, no solo lo que pagasCon 10.000 € al 7% anual durante 30 años:
La diferencia — casi 25.000 €, un tercio del resultado — no se pagó en facturas: se evaporó de la curva del interés compuesto. Por eso el TER es el criterio número uno al comparar productos que replican lo mismo.
Incluye los costes corrientes del fondo: gestión, administración, custodia interna, auditoría. No incluye otros costes que también soportas: el spread de compraventa en mercado, las comisiones de tu bróker, los costes de transacción internos del fondo en algunos casos, ni el impacto fiscal. Dos ETFs con el mismo TER pueden tener resultados distintos — la métrica definitiva es la tracking difference: cuánto se desvía realmente el fondo de su índice cada año, que es el coste total verdadero.
Se deduce diariamente del valor liquidativo del fondo, a prorrata. El precio que ves ya lo lleva descontado — por eso es invisible y por eso conviene mirarlo activamente.
Es el primer filtro, no el último: tamaño del fondo, domicilio, política de distribución y tracking difference completan la decisión. Entre dos réplicas idénticas del mismo índice, gana el conjunto TER + calidad de réplica.
Porque incluyen retrocesiones: parte de la comisión vuelve al comercializador. Las clases limpias y los ETFs eliminan ese sobrecoste — la diferencia a 30 años la has visto arriba.