El spread es la diferencia entre el precio al que puedes comprar un activo (ask) y el precio al que puedes venderlo (bid) en un momento dado. Es el coste más silencioso de la inversión: no aparece como comisión en ningún extracto, pero lo pagas en cada operación.
Spread (%) = (Ask − Bid) / Precio medio × 100Si una acción cotiza 99,90€ (bid) / 100,10€ (ask), el spread es de 0,20€ — un 0,2%. Compras a 100,10€ y, si vendieras en ese mismo instante, recibirías 99,90€: pierdes el spread completo solo por entrar y salir.
Cuando un broker anuncia operaciones gratis, parte de su ingreso suele estar en el spread: te ejecuta a un precio ligeramente peor o cobra por dirigir tu orden. No es necesariamente malo — para un inversor de largo plazo con pocas operaciones, un spread algo mayor sale más barato que comisiones fijas —, pero conviene saberlo: "gratis" no existe, el coste solo cambia de sitio.
Porque el spread no es una comisión del broker sino un coste de mercado — y en los brokers gratuitos suele ser además parte de su modelo de ingresos. Toda operación lo paga, en cualquier broker.
En activos poco líquidos, en las primeras y últimas horas de la sesión, fuera del horario del mercado subyacente y en episodios de alta volatilidad.
Poco, y esa es la buena noticia: una estrategia de comprar y mantener lo paga pocas veces. Importa más al elegir ETFs (volumen alto = spread bajo) y al operar valores medianos o pequeños, donde conviene usar siempre órdenes limitadas.